DEJA LAS ARMAS PARA INGRESAR AL CONGRESO?
A tres
semanas de que se defina el nuevo presidente de Colombia –y en medio de una
campaña en la que las negociaciones de paz en La Habana se han convertido en un
tema fundamental y controversial– en el Palacio de Justicia, en Bogotá, se
realizó ayer una audiencia pública vital para el futuro de estos diálogos y de
la posibilidad de que los guerrilleros que se desmovilicen en virtud de un posible
acuerdo participen en política y sean candidatos al Congreso. En esta
audiencia, convocada por la Corte Constitucional, representantes del Gobierno,
de los organismos de control y de la sociedad civil se pronunciaron ante la
demanda que interpuso el exviceministro de Defensa, Rafael Guarín, contra el
artículo del Marco Jurídico para la Paz que le permite al Congreso definir en
qué casos los desmovilizados podrán participar en política y en qué casos no.
El aparte en
cuestión señala que el Congreso será quien defina cuáles van a ser considerados
delitos conexos al delito político de rebelión. Esto debido a que aquellos
desmovilizados condenados o sancionados por crímenes no relacionados con ese
delito no tendrían la posibilidad de “cambiar las armas por ideas”. Una
discusión neurálgica si se tienen en cuenta los señalamientos contra las Farc
por crímenes que algunos sectores han considerado no tienen nada que ver con su
lucha insurgente. Por ejemplo: las graves violaciones a los derechos humanos
–entre ellos, masacres, reclutamiento forzado, desplazamiento, secuestro– y el
narcotráfico. Esto sin contar que varios sectores –como el procurador Alejandro
Ordóñez y el candidato presidencial Óscar Iván Zuluaga– han manifestado su
rechazo a cualquier tipo de participación política para los guerrilleros.
De hecho
Ordóñez fue uno de los que ayer le solicitó a la Corte declarar
inconstitucional este artículo pues –en su criterio– este no busca otra cosa
que “constitucionalizar todas las formas de lucha”. El jefe del Ministerio
Público preguntó con vehemencia si “¿no se revictimiza a la víctima cuando se
le dice que su victimario va a llegar al poder?”. Agregó que este “acto
legislativo le permite a los victimarios diseñar las políticas públicas de
reparación e imponerle su verdad a la sociedad”. Y sentenció: “el mensaje de
fondo es que el crimen sí paga”. A renglón seguido cuestionó a las Farc porque,
dijo, los victimarios andan “pidiendo jirones de poder a cambio de no seguirnos
matando”. De la misma forma, sostuvo que “el Derecho Internacional Humanitario
no se ha configurado para permitir la participación política de los
responsables de delitos de lesa humanidad. Imponer la amnistía total de
crímenes imperdonables hace de esta una posibilidad éticamente lamentable”. Igualmente
dijo que uno de los “mayores combustibles de la violencia paramilitar fue la
impunidad de los acuerdos de paz de los años 80”.
Y criticó al
fiscal Eduardo Montealegre por su propuesta de que algunos guerrilleros paguen
sus penas con trabajo social. “Eso es lo que se exige a los estudiantes de
colegio”. El fiscal no se refirió a estos señalamientos. No obstante la
petición del jefe del ente investigador no estuvo tan alejada –como es
costumbre– de la del procurador. El fiscal Montealegre le solicitó a la Corte
declarar parcialmente inconstitucional el mencionado artículo, puntualmente, el
aparte en el que se menciona que no van a ser considerados delitos conexos al
delito político los crímenes de lesa humanidad y el genocidio. Para el jefe del
ente investigador esto limita la participación en política de los
desmovilizados y les impone una sanción perpetua pues aunque paguen sus penas
siempre van a estar impedidos para participar en política.
Montealegre
señaló que ese artículo “cercena la posibilidad de buscarle una salida
negociada al conflicto porque impide la participación en política de los
desmovilizados y profundiza la exclusión de sus miembros en la sociedad”. Y que
lo más deseable sería que fuera el Congreso –con una discusión más amplia y democrática–
definiera este asunto y no el mencionado acto al excluir desde antes estos
delitos de lesa humanidad. Para el fiscal todo esto no hace sino vulnerar un
principio fundamental para todos: la paz. “Todas las autoridades del Estado
deben propender por el logro de la paz de lo contrario la paz sería un ideal
inalcanzable e irrealizable (…) La participación política en nada implica
impunidad”.

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